
Las facultades mediúmnicas se encuentran programadas en el Espíritu, y el cuerpo, durante el proceso de la reencarnación física, las envuelve en células, que le permiten la exteriorización.
Normalmente, los fenómenos mediúmnicos ocurren en el periodo infantil, en faz del mecanismo reencarnatorio que faculta mayor contacto del Espíritu encarnado con los desencarnados.
Es semejante a lo que ocurre con la inteligencia, que brota de acuerdo con las potencialidades inherentes de cada uno.
Las facultades mediúmnicas se encuentran programadas en el Espíritu, y el cuerpo, durante el proceso de la reencarnación física, las envuelve en células, que le permiten la exteriorización.
Normalmente, los fenómenos mediúmnicos ocurren en el periodo infantil, en faz del mecanismo reencarnatorio que faculta mayor contacto del Espíritu encarnado con los desencarnados.
Es semejante a lo que ocurre con la inteligencia, que brota de acuerdo con las potencialidades inherentes de cada uno.
Cuando esas posibilidades son ostensivas, las ocurrencias son muy significativas, no dejando margen a la certeza de la interferencia de los desencarnados durante el desarrollo del médium.
Casi siempre, sin embargo, esa aparición tiene un carácter perturbador, como efecto natural de los compromisos negativos traídos del pasado.
Esa imposición, más o menos aflictiva, favorece, al mismo tiempo, con perfeccionamiento de las facultades latentes, propiciando a su portador las condiciones adecuadas para los futuros comedidos.
Por ignorancia del mecanismo en que se expresan los fenómenos, el intermediario se angustia, sin entender exactamente lo qué ocurre, al lado de las desagradables sensaciones que experimenta como consecuencia de los fluidos perniciosos que lo intoxican.
Naturalmente, los Guías espirituales del médium permanecen vigilantes, disminuyendo, en la medida de los posible, la imposición aflictiva, inspirando conductas hábiles para disminuir los padecimientos, orientando para mejor, lo más compatible con la responsabilidad.
No impiden, sin embargo, las interferencias infelices, porque son necesarias al crecimiento moral y espiritual de su protegido.
Cuando se tratan de posibilidades naturales, los fenómenos son sutiles, manifestándose en forma inspirativa, en los estados de lucidez u oníricos, que pueden ser educados, ampliándosele la capacidad de registro y de desempeño.
Todos los seres humanos son poseedores de pródromos de mediumnidad, por cuanto, siendo una conquista del Espíritu, un día constituirá un sentido objetivo de más, proporcionador de inestimables recursos para la existencia terrestre.
De manera idéntica a lo que ocurre en las áreas de la inteligencia, de la memoria, de las aptitudes artísticas y culturales de todas las personas, existe una graduación significativa que las diferencia como resultado de conquistas anteriores, de ese modo, equivalentes a las posibilidades mediúmnicas en general.
Cuando, sin embargo, el Espíritu está comprometido con tareas relevantes o misiones especiales, en la Tierra, sus posibilidades son ostensivas y ricas de fenómenos que se transforman en valiosa documentación probatoria de la inmortalidad.
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La educación de las posibilidades mediúmnicas y su aplicación deben objetivar los fines nobles a que sean alcanzados.
La utilización de esas fuerzas que enriquecen la existencia humana necesita ser orientada para actividades dignificantes, que se destinen al servicio de amor al prójimo, transformándose en caridad de alta significación.
Conforme la destinación que se les dé, los Espíritus se acercan y buscan comunicarse, por descubrir ese bendecido recurso que los ayuda a realizar los propósitos que se quedaron interrumpidos con la muerte, o a que inicien actividades nuevas que los auxiliarán en el crecimiento para el Bien.
Nada obstante, si el medianero no corresponde en conducta moral y emocional, a los anhelos de los Espíritus trabajadores de la Verdad, se hace campo de abusos y de perturbaciones por parte de aquellos ociosos, perseguidores, obsesores.
Es una grave responsabilidad la posesión de recursos mediúmnicos, con respecto a las graves consecuencias de que se revisten.
A la semejanza de una azada o de otro equipamiento cualquiera, elaborados para fin específico, cuando dejados al abandono, son victimados por la oxidación o por los agentes agresivos y aniquiladores.
El buen médium, por lo tanto, es aquel que se hace simpático a los Buenos Espíritus que de él se utilizan frecuentemente, muchas veces, sin que él mismo se dé cuenta, en un intercambio cuya programación fue elaborada antes de su reencarnación.
Muchos escollos se encuentran delante de los médiums, iniciándose por la lucha que debe ser trabada contra las malas inclinaciones, las tendencias antiguas que los llevaron a compromisos negativos, de los que aqhora se deben liberar, a los enfrentamientos con los enemigos espirituales del progreso, que lo agredirán, creando situaciones muy engorrosas, cuando no, ingratas.
Por eso aún, les cabe una existencia de disciplina, de renuncia y de abnegación, mediante cuyo comportamiento atrae los favores divinos, haciéndose acreedor de asistencia espiritual elevada.
No se les exige una vida de fuga de la realidad, de aislamiento, artificial, que no soportarían, pero la vivencia de conducta compatible con el ministerio que abrazan, siendo instrumentos afinados en relación al pensamiento edificante, de forma que sean sensibles al ritmo del deber.
De cara a la delicadeza del compromiso, les es solicitado el hábito saludable de pensar y meditar, comulgando por la plegaria con el mundo espiritual que los circunda, haciendo siempre silencio interior, de modo que oigan la musicalidad trascendental.
Les es lícita una convivencia alegre y jovial con todos, viviendo en el mundo conforme sus patrones, sin esclavizarse a las imposiciones perniciosas.
Que Sepan elegir el mejor camino a trillar, les constituye un deber, que se hace fácil de conseguir, si se consagran al estudio de El Libro de los médiums, de Allan Kardec, que es un repositorio de sabiduría, para equipar bien y conducir todos cuantos se dispongan al ejercicio de la mediumnidad con respeto y consideración.
Las posibilidades mediúmnicas, por lo tanto, que son inherentes a todos individuos, deben ser trabajadas con empeño, dándoles orientación y finalidad edificante.
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Médiums, siempre los hubo y los habrá, portadores de excelentes facultades, que producirán fenómenos cautivantes, deslumbradores, en el uso de sus posibilidades ostensivas.
Casi todos sin embargo, se han comprometido con los intereses transitorios y perversos de las ambiciones terrenales y de las terrenales pasiones.
Jesús, sin embargo, aguarda trabajadores dispuestos a servir en su siembra, no importando si son de la primera o de la última hora, pero que produzcan ciento por uno y sin cesar, manteniendo la alegría de que hayan sido llamados, con expectativas de que sean escogidos.
Joanna de Ângelis
Página psicografiada por el médium Divaldo Pereira Franco, en la mañana del 24 de julio de 2006, en Chicago, USA.