Pocos leridanos y catalanes tienen conocimiento de que el Dr. Humbert Torres de Lleida fue uno de los mayores conocedores del Espiritismo en España. El presente artículo desgrana la trayectoria espiritista de este eminente leridano, tomando como referencia que su padre importó por primera vez el Espiritismo en Cataluña.
Humbert Torres –padre del poeta Màrius Torres- es uno de los personajes ilustres de la ciudad de Lleida. Era un hombre culto, tocaba el piano, eminente médico, traductor de las obras de Ernesto Bozzano, Charles Richet y Camille Flammarion; destacado político, fundó la Joventut Republicana de Lleida e ingresó en Esquerra Republicana de Cataluña; fue Diputado en el Parlament de Catalunya y en las Cortes Generales de Madrid; Alcalde de Lleida (1917-1920), disputó la Presidencia de la Generalitat de Catalunya junto con Lluís Companys adquiriéndola éste; fue el redactor de la primera Ley de Libertad Religiosa en España y era espiritista, llegándosele a considerar en el Congreso Espiritista Internacional de Barcelona en 1934 como “el mayor de los prestigios del Espiritismo hispano”, gracias en parte debido a su padre, el Dr. Marià Torres que fue el introductor del Espiritismo en Cataluña.
Las reuniones espiritistas que se celebraban en su casa eran conocidas en la ciudad, y el propio Frederic Godàs –pedagogo leridano que desencarnó en un célebre bombardeo muy celebrado por los hermanos maristas de la ciudad- explica alguna de estas reuniones con detalle. Al igual que su hijo Víctor Torres i Perenya – Diputado del Parlament de Cataluña y Senador en Madrid- que también relata detenidamente cómo su padre Humbert llevaba a cabo reuniones de mediumnidad.
En el seno del Republicanismo catalán, al cual pertenecía, también era harto conocido y seguido el Espiritismo; así, también resultaron ser conocidas las reuniones espiritistas que practicaba el President Lluís Companys en Barcelona, en las que invocaba al espíritu de Salvador Seguí –reconocido sindicalista catalán, apodado con el nombre de “El noi de sucre” (el chico de azúcar)-.
Humbert Torres, se mezclaba con la élite de la sociedad leridana, como es el caso de Magí Morera –escritor, político, abogado y también Alcalde de Lleida, traductor al catalán de las obras de William Shakespeare desde la sección filológica de l´Institut d´Estudis Ilerdencs-; de su hermano Jaume Morera –pintor ilustre leridano-; Joan Bergós –arquitecto modernista y ensayista leridano, participó activamente en la construcción del Templo de la Sagrada Familia de Barcelona con su amigo Antoni Gaudí, ejecutó obras en la Esglèsia de Sant Llorenç de Lleida, en la Catedral Nova de Lleida, l´Escorxador Municipal, reforma y ensanche de la ciudad de Lleida, y el edificio Casa Baró (La Vinícola) en las confluencias entre l´Avinguda Catalunya y l´Avinguda Blondel-; Alfred Perenya –político, periodista e ilustre abogado leridano, llevó a cabo iniciativas como la Joventut Republicana de Lleida, el Camp d´Esports de Lleida y vicepresidente del Centre Excursionista de Lleida-.
De la mezcla de Humbert Torres con la flor-y-nata de la sociedad ilerdense, se derivó la creación de la tertulia denominada Xop-Bot, en la colina de Gardeny, en la que posiblemente se introdujo también la temática del Espiritismo.
De la entrevista realizada al político Víctor Torres (hijo de Humbert Torres) en junio de 2009 por la revista “Ressons d´Occitània”, extraemos: “…nuestro padre (Humbert) y nuestro abuelo paterno (Marià Torres, médico que introdujo la Doctrina Espírita en Cataluña), creían en la metapsíquica, lo que vulgarmente se conoce por espiritismo. (…)Humbert Torres era un hombre extraordinario, una bellísima persona, un político de primerísima categoría, uno de los grandes médicos de Lleida…tenía una gran espiritualidad y nos dimos cuenta cuando murió nuestra madre a los 38 años. (…)Aquél mismo día nos reunió a los tres hijos y nos dijo: Debéis pensar que esto de la muerte no es más que un tránsito hacia otra vida. Mamá vive en otro mundo y es feliz y aquí la tenemos que recordar pero sin tristeza.(…) Al cabo de una semana, estábamos cenando los hermanos, los abuelos y la tía Conxita, aún todos vestidos de luto, y él nos dijo: ¡Se ha acabado la tristeza, todos al cine!. I nos llevó al cine Granados, donde teníamos un palco abonado. Fue un escándalo, porque entonces Lleida era una país de beatos.”.
En 1929, Humbert Torres publicó el libro “Defensa de la Metapsíquica”, y como médico propuso diversas tesis en el ámbito de la medicina enfocadas desde el punto de vista de la existencia del alma humana antes y después de la reencarnación.
Participó e impartió así diversas conferencias de índole médico y sanitario, entre las que destacan la impartida en el Centre Cultural Català de Montpellier (Francia) bajo el título de “Psicología supranormal”, en la que afirmaba que: “(…)hay que considerar la metapsíquica (espiritismo) como una ciencia experimental capaz de proporcionar, más allá del conocimiento de unos hechos constatables en determinados momentos, una base sólida para poder sostener una posición idealista de la vida. (…) Contra un cierto escepticismo filosófico hay que afirmar que una verdad existe y que el deber del estudioso es encontrarla. No hay nada que no haya sido considerado, filosóficamente, como cierto o como falso, pero sólo los hechos pueden decidir la cuestión. Gracias a los hechos observables, la psicología supranormal puede conducirnos a entrever la verdad última del hombre y de la naturaleza.”
Las conferencias del médico leridano, ilustradas con gráficos y con fotografías que parecen inexplicables, despertaron la curiosidad de mucha gente. Pero no todos los oyentes del Dr. Humbert Torres compartieron sus preocupaciones espirituales. Hubo incluso algunos que, al margen de cualquier inquietud o ánimo de saber, la única cosa que querían es que el conferenciante resultara ser un oráculo: “¿Por qué no dice quién ganará la guerra, y cuando volveremos a casa?”, le espetaban algunos.
El Dr. Humbert Torres fue Presidente del Comité Consultivo de la Federación Espírita Española, participó en el Congreso de Lieja (Bélgica) en agosto de 1923, como representante español del Espiritismo a fin de crear la Federación Espiritista Internacional. Asimismo, estuvo presente de forma activa en el Congreso Espiritista Internacional, celebrado en Barcelona del 1 al 10 de setiembre de 1934, siendo su miembro honorario. El día 9, a las once de la mañana, llevó a cabo un gran acto de propaganda espírita bajo su presidencia, con participación de delegaciones extranjeras, y a las cinco de la tarde impartió una conferencia bajo el título "El Espiritismo en el momento actual", y el día anterior ofreció la conferencia "Espiritismo y Sociología".
La conferencia impartida bajo el titulo “El Espiritismo en el momento actual” en el Palacio de Proyecciones de Montjuïch (Barcelona), no provocó un simple lleno del local sino que a los tres mil asientos que había dispuestos tuvieron que añadirse varios centenares de sillas y además el público se apretujaba en pie para oír al que era el mayor de los prestigios del Espiritismo hispano. Todo quedó lleno, allí donde había un espacio vacío, allí había alguien de pie, puesto que pronto quedaron todos los asientos ocupados. Según información de personas que podían juzgar con acierto, en ninguna otra ocasión se vio aquel inmenso local tan abarrotado de público.
Otra de la Conferencias impartidas en el Congreso Espiritista Internacional por el Dr. Humbert Torres, fue “La Teoría Espírita en los pueblos latinos y anglosajones”, conferencia que vamos a reproducir íntegramente a continuación:
Desde que en Hydesville, pequeña ciudad del Estado de Nueva York, en el domicilio de la familia Fox se producían hechos extraños que llamaban la atención de los hombres estudiosos de aquel tiempo, ha transcurrido cerca de un siglo. Con ellos nacía el Espiritismo, y en estos ochenta y ocho años, el desarrollo que dicha teoría ha adquirido es tal que se halla extendida a todos los pueblos del globo en cada uno de los cuales cuenta con una imponente masa de adeptos y simpatizantes.
Dos grandes pueblos, Francia y la Gran Bretaña, han polarizado el movimiento espiritista. Es cierto que Italia cuenta en su activo los nombres de Lombroso y Luciani y la figura admirable de Bozzano. Todos sabemos que Alemania, en 1877, aportó las célebres experiencias que con el médium Slade celebró el gran físico Zöllner y que actualmente tiene en Driesch un exponente de valor internacional indiscutible. Pero ningún país puede dar, como Francia, una lista de nombres como esta: Kardec, Denis, Delanne, Flammarión, Rochas, Vesme, Geley, Boirac y Maxwell, a excepción de Inglaterra que puede enfrontarle esta otra: Crookes, Moses, Sidgwick, Gurney, Myers, Crawford, Barret, Ledge y Wallace.
Cada una de estas dos naciones tiene, en la historia del movimiento espiritista, momentos culminantes. A Francia corresponde el honor de haber formulado, en 1857, con la publicación de «El Libro de los Espíritus», de Allan Kardec, la sistematización de esta doctrina que el mismo Richet no vacila en calificar de «síntesis grandiosa y homogénea, descansando en una imponente masa de hechos». Esta doctrina, completada después en otras obras del mismo autor, ha seguido propagándose sin interrupción por medio de la «Revue Spirite», fundada en 1858 por el mismo Kardec. Fechas memorables son, asimismo, la de 1911, en que Rochas prueba experimentalmente la regresión de la memoria en estado de hipnosis y la exteriorización de la sensibilidad y de la motilidad; y la de 1920, en que, bajo la luminosa dirección de Geley, se funda el «Instituto Metapsíquico Internacional», que Briand, ministro del Interior, declara de utilidad pública.
Pero ya desde la primera hora, la aportación de Inglaterra ha sido también de un valor decisivo. Es en 1869 que tras una encuesta impecable y rigurosa, la «Sociedad Dialéctica» de Londres, máxima autoridad de la ciencia oficial de aquel tiempo, declara la realidad de los hechos de telequinesia y de teleplastia. Es en el período 1870-74 que William Crookes da a conocer sus experiencias de fenómenos físicos con Douglas Home, y las de materialización completa del fantasma de Katie-King, experimentando con Florence Cook, experiencias de las que veinticuatro años más tarde el gran sabio declaraba en un congreso científico internacional que nada tenía que retractarse. Es en 1882 que se funda la «Society for psichycal research», con la divisa de «amontonar hechos y experiencias sobre las que asentar una convicción», divisa fielmente servida en los 32 volúmenes que lleva publicados, que constituyen un monumento de probidad moral y de crítica científica, a la vez que cantera inagotable a la que es indispensable acudir siempre que se trate de estudiar seriamente los hechos que constituyen el fundamento de la hipótesis espírita.
En los momentos actuales la hipótesis espírita ha llegado a su mayor edad. Es una rama de las ciencias de la naturaleza y, como todas ellas, en constante evolución de perfeccionamiento. En sus líneas generales, se halla definitivamente constituida. Es una ciencia, hemos dicho; pero sin ser una religión ni una moral, tiene, como ocurre con las verdades científicas de todo orden, inevitables derivaciones de este carácter. En Espiritismo ocurre como en todas las ramas del saber humano, que dentro del «corpus» fundamental, universalmente admitido, aparecen variantes teóricas de interpretación que responden a lo que podríamos llamar «genio nacional», peculiar de cada pueblo. Esto es, precisamente, el carácter de la ciencia, que la separa de los credos cerrados e inconmovibles de las religiones positivas. Lo que ocurre en Medicina, en Química, en Historia o en Botánica, es natural que se produzca igualmente en una ciencia nueva como la que implican los hechos del Espiritismo.
No hallaremos, pues, diferencias esenciales entre el Espiritismo latino y el anglosajón respecto a la idea de Dios, del alma, de la comunicación mediúmnica o del progreso indefinido del ser. Sólo en un punto de importancia aparece el desacuerdo: en lo referente a la Reencarnación, generalmente admitida por los latinos y muy discutida o negada por los ingleses. El desacuerdo es muy antiguo y no tiene trazas de ceder. Y bien: este hecho ha sido aprovechado por los impugnadores de la teoría espírita para ofrecerla como muy vulnerable. Y como la cuestión tiene innegable interés, vamos a dedicarle un breve comentario.
Que durante la vida terrenal no exista acuerdo sobre este punto entre latinos y anglo-sajones, no tiene la menor importancia, en cuanto es cosa perfectamente opinable. La teoría evolucionista no deja de ser cierta, a pesar de las diferencias de apreciación de sus partidarios sobre el valor de determinados hechos en que se apoya. No ya entre espiritistas de una y otra
rama, sino entre los de una sola de ellas y hasta entre los socios de un mismo círculo de estudios psicológicos, no existe acuerdo completo, probablemente, respecto a la utilidad de la oración, o de los límites de las facultades subconscientes, o sobre la autenticidad de un caso de identificación «post-mortem». Pero lo que sí tiene importancia, al menos aparente y a primera vista, es que, no ya en vida, sino desde el «Más Allá», los sedicentes espíritus comunicantes sigan negando la Reencarnación si son ingleses, y la afirmen si son latinos. ¿Cómo es posible esta contradicción?, se dice por los adversarios de la hipótesis espírita. Bien que «aquí» no haya acuerdo, pues no falta la prueba indiscutible, pero no se concibe que «Allá» el desacuerdo subsista. Basta esta constatación – añaden - para poner en duda por lo menos la realidad de todas las pretendidas comunicaciones de los difuntos. Este argumento impresionante fue formulado en 1909 con toda su fuerza por un hombre de gran autoridad, Enrique Morselli, en su magna obra «Psicologia e Spiritismo», en la cual formuló sus célebres diez puntos impugnatorios con los cuales pretendía derruir para siempre la hipótesis espírita. Y de los diez, el referente al pleito reencarnacionista que los espiritistas tienen planteado, es al que atribuye mayor valor.
¿Es cierto que, como afirma Morselli, los espíritus de los anglo-sajones en sus dictados espirituales, niegan sistemáticamente la Reencarnación? No, no es cierto, sino todo lo contrario. Cuando se publicó la mencionada obra de Morselli, Bozzano hizo de la misma una crítica tan contundente que de los célebres diez puntos impugnatorios no quedó nada. Refiriéndose concretamente al tema que examinamos, Bozzano pudo aportar la prueba decisiva de que la Reencarnación, no sólo no es negada en Inglaterra por los espíritus que se comunican, sino que es afirmada resueltamente. Y para demostrarlo, cita las más importantes obras aparecidas en Inglaterra en aquellos últimos años, en las que se contienen mensajes espirituales, y son las siguientes:
«Spirit teachings», de William Stainton Moses.
«Letters from Julia», de William Stead.
«Automatic or spirit writing», de Sarah Underwood.
«Letters from the next world», de Russell-Davies.
«Letters from a living dead man», de Elsa Barker.
Pues bien, en todas estas series de comunicados obtenidos por el trámite de médiums anglo-sajones, la hipótesis reencarnacionista queda afirmada. Y para que nuestros lectores puedan comprobar hasta qué punto es cierto lo que decimos, vamos a copiar, del último de los libros mencionados, algunas manifestaciones del espíritu sedicente comunicante:
«Habrías de libertarte de la idea de considerar la actual existencia encarnada como la única de tal naturaleza.»
«Aquí donde me encuentro, hay muchos espíritus que ignoran completamente la ley del ritmo que les obligará, un día, a reencarnar en la tierra.»
«Me propongo reseguir detenidamente mis vidas pasadas y asimilar lo que en ellas aprendí y sintetizar las experiencias realizadas hasta el presente, a fin de transportar mucha parte de mi experiencia en la nueva encarnación.»
Queda, pues, destruida la objeción de Morselli. Lo que si es cierto es que mientras en los países latinos, en vida, los espiritistas aceptan la Reencarnación, en Inglaterra, por una aversión de raza difícilmente explicable, generalmente no la admiten. Esta aversión de raza es tan fuerte que muchos médiums ingleses se resisten a transmitir mensajes que tiendan a afirmar la Reencarnación, resistencia que no puede menos de influir poderosamente sobre los espíritus que se comunican, produciéndose interferencias subconscientes y sugestivas en el acto de la comunicación, cosa que no ha de sorprender a quien conozca un poco el mecanismo de la mediumnidad. Y como las ideas y las tendencias del alma encarnada no se alteran tan fácilmente con la muerte del cuerpo, nos acompañan en el «Más Allá». Y si los espíritus de los anglo-sajones, en su mayor parte, responden negativamente al tema de la Reencarnación, esto ha de atribuirse, como dice Bozzano, al hecho de que en el mundo de los vivos ya compartían esta animadversión, y responden según sus tendencias, las cuales, por su indiscutible poder autosugestivo, obturan las vías de la introspección que es indispensable para reevocar existencias pasadas, actuando como un factor de inhibición. Al contrario, la ausencia de prejuicios favorece la visión retrospectiva de nuestras vidas anteriores, y de ello es una prueba la siguiente manifestación de una de las entidades comunicantes de los libros a que antes hemos hecho referencia: «He hecho descubrimientos maravillosos en el archivo de mi alma y me ha venido la memoria de todo mi pasado, hasta tiempos increíblemente remotos».
A este respecto, Bozzano hace una comparación ingeniosa. Supongamos - dice - que los habitantes del planeta Marte, con el propósito de saber si en el planeta Tierra hay habitantes y si es posible comunicar con ellos por telegrafía sin hilos, nos ponen unos radiogramas preguntando si creemos en Dios y en el alma. Si uno de los radiogramas lo recibe el Santo Padre, la respuesta será afirmativa, pero si otro es recibido por un materialista, la respuesta será negativa. Ante esta contradicción, según la lógica de Morselli, los habitantes de Marte habrían de poner en duda, o negar la existencia de habitantes en la Tierra y la posibilidad de comunicar por ellos por telegrafía sin hilos. Pero la sana lógica nos permite esta otra interpretación: que entre los habitantes de la Tierra no hay unanimidad sobre estas cosas. Otro tanto ocurre en la vida del espacio alrededor del problema de la Reencarnación.
Este tema es completamente opinable, y el hecho de que latinos y anglosajones lo aprecien de diversa manera, nada dice contra el Espiritismo ni menos contra la realidad de la comunicación con los difuntos. Fuertes razones de carácter filosófico y moral tenemos los latinos para aceptar la Reencarnación; pero si sobre este tema ha de recaer algún día unanimidad, no ha de ser por motivaciones de esta índole. Son los hechos los que han de imponerla. Los frecuentes casos de recuerdo, en estado de vigilia, de las vidas anteriores; las reencarnaciones anunciadas con anticipación, y el recuerdo de existencias anteriores durante el sueño hipnótico a la posesión espiritual, han de constituir la base de una firme creencia. Mientras tanto, respeto absoluto para cada manera de pensar, y trabajo constante de unos y otros en defensa del ideal espírita, del que tan necesitada se halla nuestra época para su regeneración moral.
Dr. Humbert Torres
El 9 de setiembre de 1934, en el mismo Congreso Espírita Internacional, Humbert Torres impartió de nuevo otra conferencia, cuyo acto de presentación fue el que sigue:
Señoras, señores: Como ha sido anunciado esta mañana, va a comenzar el primer acto de labor, el primero de propaganda de los trabajos del Congreso, a manera de prolongación de lo anterior y como iniciación de los demás, formando un eslabón en la cadena.
Va a hablarnos un espiritista caracterizado, un hombre que ha laborado por nuestro ideal y que hoy no solamente trabaja en lo nuestro, sino que se destaca también en orden a la sociología y ocupa un lugar en la política, en este difícil arte de gobernar a los pueblos o de que los pueblos se gobiernen a sí mismos.
Va a hablar el doctor Humbert Torres, que como ya le conocéis todos, no es necesario que yo os lo presente; es miembro del Parlamento catalán; es, además, presidente de la Sección Consultiva de la Federación Espiritista Española, y en último término es hombre de grandes dotes intelectuales, y también por encima de ellas y además de ellas, siente la doctrina como es necesario sentirla para poder vivir. Sabe y siente, conoce y es capaz de emocionarnos ante los bellos problemas y ante las bellas teorías de nuestro doctrinario.
Va a empezar, pues, el doctor Humbert Torres; os va a hablar en seguida. (Aplausos.)
Y seguidamente reproducimos íntegramente de nuevo la siguiente conferencia, en la que al final del acto, se efectúa en todo el Congreso un emotivo homenaje al Dr. Marià Torres (padre de Humbert) que fue el introductor del Espiritismo en Cataluña:
El doctor Humbert Torres
Señores congresistas: Nuestro estimado amigo señor Asmara, presidente de este Congreso, me ruega que os hable en castellano y no en catalán, como es mi costumbre, atendida la circunstancia de que el gran número de congresistas conocen mejor la lengua de Cervantes que la de mi tierra.
Accedo a ello gustoso, porque se trata de una demanda razonable y no de una imposición. Espero que los catalanes aquí presentes no interpretarán esta actitud mía de una manera torcida y le darán su verdadera significación, que no es otra que una posición de caballerosidad y de comprensión.
Contraste
Hace tres cuartos de siglo que en Francia, Allan Kardec formuló una doctrina filosófica y moral conocida con el nombre de Espiritismo. Unos espiritistas selectos de España, al poco tiempo, trataron de traer las obras de Kardec, en las que se sistematizaba su doctrina. Todos sabéis lo que pasó: estas obras desembarcadas en el puerto de Barcelona, fueron quemadas por orden del obispo, por considerarlas inmorales y atentatorias a la seguridad social. Hoy, de aquellas obras, se han hecho centenares de ediciones entodas partes y en todas las lenguas. Trescientas publicaciones la divulgan en todos los países. Una organización internacional de la que es reflejo este magno Congreso, agrupa millones de seres alrededor del ideal espiritista. Francia, por un Decreto de Briand en 1922, ha declarado de utilidad pública los estudios de psicología supranormal. Brasil y Guatemala los han incorporado en el cuadro de las enseñanzas universitarias. No hay, actualmente, hombres cumbre en cualquier rama del saber que no se
interesen por los hechos que son la base de nuestra doctrina. Después de Crookes, Gladstone, Balfour, Aksakef y Geley, ya desaparecidos, continúan su obra Richet, Driesch, Bottazzi, Lodge, Bozzano. Vamos, pues, bien acompañados. ¿Qué más? Pues que mientras unos lustros atrás
nuestras obras eran quemadas públicamente por las autoridades, hoy el Ayuntamiento de Barcelona y la Generalidad, con sus honorables presidentes, amparan este Congreso. ¿Queréis mayor contraste, mayor progreso? Aprendan los pesimistas y los descontentos a saber mirar las cosas con amplias perspectivas. Este cambio ha sido posible porque nuestras ideas han ganado ya la conciencia universal. Este es el enorme progreso realizado por nuestras doctrinas en poco más de medio siglo.
(Aplausos.)
Las dificultades
¿Este avance se ha hecho sin encontrar resistencias? No era posible, porque las cosas no entran por la razón más que con ayuda del tiempo. Y sobre todo, porque es ley sin excepción que toda idea nueva las encuentre. Todos sabéis lo que le pasó a Galileo al derribar los sistemas de Ptolomeo y de Copérnico. Ninguno de vosotros ignora las risas con que el mundo
oficial acogió el descubrimiento de Galvani, con sus ranas danzantes, y a Harvey con la circulación de la sangre, y a Lavoisier al afirmar que el Universo estaba compuesto de cuatro elementos fundamentales: agua, aire, tierra y fuego, que según la ciencia oficial de su tiempo eran todo nuestro planeta.
Pero el ejemplo máximo de resistencia oficial a las nuevas ideas nos lo da la vida de uno de los más grandes genios de la Humanidad, Pasteur. Aun viven hoy médicos - mi padre es uno de ellos - que recuerdan los anatemas con que los sabios acogieron las ideas de Pasteur sobre la vida microbiana, base de una de las más fecundas conquistas del genio humano. Pero para que veáis que el espíritu inquisitorial no es sólo patrimonio de las religiones, sino que también la ciencia oficial tiene su sanhedrín, diré que la mayor indignación de los hombres de ciencia del tiempo de Pasteur, fue debida a que este descubrimiento de la generación espontánea no existía. En aquel entonces la ciencia era totalmente materialista y no admitía una causa de las causas, y como el descubrimiento de Pasteur rompía con las ideas dominantes, como los sacerdotes a Galileo, los sabios decían a Pasteur: «¿Pero no ve usted que esto es la muerte del positivismo científico y la destrucción de nuestra filosofía materialista de la ciencia?» Pero Pasteur decía que cuando experimentaba, no tenía prejuicios, que los hechos mandan, y si nos obligan a rectificar convicciones arraigadas, hay que hacerlo.
Este es el inevitable camino seguido por toda idea nueva. ¿Cómo queréis que el Espiritismo fuese una excepción, toda vez que las consecuencias científicas, morales y filosóficas de esta doctrina, comprometen tantas y tantas posiciones seculares?»
(Grandes aplausos.)
El prestigio de la ciencia
Viene el Espiritismo en el momento de máximo esplendor de la ciencia oficial. Un siglo atrás se hablaba del hombre, del Universo, del alma, de la creación, con el mismo lenguaje que en tiempos de Pericles. Pero poco a poco se instaura el asombroso edificio de la ciencia y se edifica una concepción naturalista, opuesta a la de los teólogos. Todo queda explicado, el Cosmos ya no tiene secretos para la ciencia, que establece matemáticamente la serie de todas las causas segundas, con auxilio de las ciencias naturales, fisicoquímicas y biológicas. En este momento, de caída de todo un pasado y de eclosión máximo brillo de una ciencia puramente
mecanicista, aparece el ideal espiritista, a disputarle a la ciencia el dominio de la verdad.
El Espiritismo dice a la ciencia: Hay movimientos a distancia y sin contacto; y la ciencia que ha establecido las leyes fijas de la mecánica, dice que es imposible. Pero el Espiritismo añade: el pensamiento es una realidad substancial objetivable, que puede fotografiarse y da sus pruebas, ante la indignación y la sorpresa de la Ciencia, que afirmaba que el pensamiento era una entelequia, una abstracción. Y el Espiritismo prosigue: el hombre que posee una facultad, la criptestesia, en virtud de la cual se puede conocer una realidad exterior, distante en el tiempo y en el espacio, sin el concurso de los sentidos orgánicos y la ciencia oficial, que había acogido con una risa sarcástica esta primera afirmación, ha tenido que rendirse a la evidencia y borrar su aforismo clásico según el cual nada hay en la inteligencia que no haya pasado por el canal de los sentidos, base de la concepción materialista del hombre. Y así, para los hechos de xenoglosia, de materialización, de correspondencia cruzada, de personificación, de estado de trance, que ha comprometido gravemente el prestigioso edificio levantado por la ciencia oficial.
Ha ocurrido lo que debía ocurrir. Si los hechos existen, pueden más que todos los prejuicios, y estos hechos, proclamados por el Espiritismo, han acabado por crear una atmósfera de respeto, cuando no de adhesión, para nuestra doctrina, por parte de la ciencia oficial de nuestros días. Este es nuestro legítimo orgullo, y ésta es la gloria de las investigaciones de los
humildes que nos han precedido en el espinoso camino de la conquista de la Verdad.
(Grandes aplausos.)
Carácter científico del Espiritismo
Para el triunfo definitivo, pongamos nuestra esperanza en el carácter predominante científico de nuestra obra. El Espiritismo ha de ser principalmente una rama del árbol de las ciencias naturales. Hechos, hechos y más hechos, he aquí la posición inexpugnable. Las teorías después... En cualquier concepción científica de importancia, los hechos han precedido a la construcción teórica y a la afirmación filosófica. Así Arquímedes funda la física, y Newton la gravitación universal, y Darwin la doctrina evolucionista, y Pasteur la vida microbiana. Y este es el caso del Espiritismo, y a este carácter científico que ya actualmente reviste se debe en gran parte al enorme progreso que en tan poco tiempo ha alcanzado. Los hechos son ya aceptados universalmente. Se podrá o no interpretarlos como nosotros, pero entre los sabios de nuestro tiempo, unos son francamente espiritistas, y otros reconocen que la hipótesis espiritista no es anticientífica sino verosímil.
¿Queréis mayor conquista? ¿Os dais cuenta del paso de gigante que la ciencia ha dado en nuestro camino? Cincuenta años atrás no se aceptaban ni los hechos, y los que los proclamaban eran candidatos al manicomio. Hoy, prisioneros de su curiosidad, primero, y sugestionados por la significación de los hechos que observan, después, los sabios vacilan en sus posiciones tradicionales y ven que se derrumba rápidamente la concepción polizoísta y mecanicista del hombre. La concepción clásica de la personalidad, basada en el paralelismo psicofisiológico, edificada por la ciencia de los últimos cincuenta años, está en ruinas. Se levanta otra, a base de nuestros hechos, completamente opuesta, espiritualista, y esta concepción gana rápidamente la adhesión de los hombres de ciencia. Actualmente, la hipótesis espírita tiene la misma categoría que la atómica o la evolucionista. Probablemente nuestros hijos asistirán para bien de la Humanidad a su triunfo definitivo.
(Aplausos.)
Sí, hay un espíritu
En virtud de los hechos aportados por el Espiritismo, podemos afirmar, no con razones, sino con experiencias, que el pensamiento no es una secreción del cerebro, ni el resultado del juego de las fuerzas fisicoquímicas, sino una unidad en sí. El alma no es un epifenómeno sino una realidad. El alma, independiente del cuerpo, existe. ¿Sí? Pues no ha nacido con el cuerpo que la aloja. Y no morirá cuando el cuerpo muera. Su independencia del cuerpo somático nos autoriza para afirmar su preexistencia y su supervivencia. De manera que el hecho de admitir hoy la ciencia oficial que hay un principio inteligente independiente del funcionalismo orgánico, sin necesidad de los hechos de identificación personal «post mortem», basta para proclamar la verdad de las afirmaciones fundamentales del Espiritismo. Los fenómenos propiamente espiritistas, por interesantes que sean, no son más que un complemento de la verdad que el animismo, por sí solo, implica. Ante ciertos casos de aspecto espiritista, como los de identificación personal de difuntos, los sabios refractarios a la hipótesis espiritista, se atrincheran en la siguiente posición: que como no se han establecido los límites de las facultades criptestésicas del alma humana, no es posible decir, ante determinados hechos, si una pretendida revelación de hechos ignorados dada por la personalidad de un supuesto difunto, puede ser explicada simplemente por el ejercicio de las facultades supernormales del hombre. Pero Bozzano responde que cuanto más se ensanche el campo del animismo, más segura es la existencia de un alma independiente del cuerpo, y por tanto, con el animismo, llevado a este extremo, basta para afirmar el Espiritismo, que es un corolario.
Grandeza del Espiritismo
Nuestra misión se sintetiza con el dicho popular: «A Dios rogando y con el mazo dando». Saber que nos ha tocado vivir en esta generación de la cual ha de quedar el tesoro espiritual que es nuestra doctrina. Que su consecuencia más importante es la de la supervivencia y de la inmortalidad del ser. Que, por tanto, la vida no acaba en el sepulcro y que la tumba no es más que un lecho de descanso entre dos etapas. Contra el terror que causa en el alma tímida, imbuida de un verdadero sentimiento religioso, la idea de un Dios iracundo que fácilmente nos envía a la perdición eterna, hay la afirmación de nuestra doctrina de que nadie, por imperfecta, que sea, dejará de salvarse, no por gracia, sino por el propio esfuerzo. Nadie tiene cerrado el camino de la perfección, y tal es la providente misericordia del Padre.
Esta es la doctrina moral, consecuencia del estudio científico, que hemos de propagar incansablemente, porque hoy más que nunca la Humanidad necesita del bálsamo y del tónico de nuestras doctrinas.
(Grandes aplausos.)
Y nada más, amigos míos. Como mejor he podido, he señalado yo la que entiendo por el Espiritismo de nuestros días, lleno de esperanzas y de consuelos. Vayan mis últimas palabras a nuestros hermanos de diversos países, aquí presentes, para agradecerles el honor que nos han hecho de traer la representación autorizada de sus pueblos a este Certamen de luz, de amor y de esperanza. Unos y otros, no cejemos en la noble empresa de difundir estos ideales que han de ser base de una Humanidad mejor.
(Grandes aplausos.)
**** * *
El señor presidente: «Señoras y señores: Nuestro querido amigo el doctor Humberto Torres ha venido de Lérida expresamente para dar esta conferencia, y tiene que tomar inmediatamente el auto para llegar a su casa a hora prudente. Nosotros quisiéramos hacer la traducción en inglés y en francés; un extracto de esta conferencia para conocimiento de los queridos hermanos de habla extranjera; pero esto habría de distraer más tiempo del que el doctor Humberto Torres podría esperar.
En consecuencia, le vamos a despedir ahora, y a continuación pondremos un comentario en castellano a esta conferencia, y se hará una traducción en inglés y en francés para los hermanos de este habla. Por lo mismo vamos ahora a despedir al orador, pero yo no quiero despedirle después de darle las gracias, sin dedicar aquí un recuerdo al doctor Mariano Torres, elemento que se movió tanto en los Congresos anteriores, y que ha sido un paladín de las doctrinas del Espiritismo español, desde que el Espiritismo español amaneció en nuestra tierra. Por lo tanto, después de dar las gracias, yo pido un aplauso para este veterano, el doctor Mariano Torres».
(Aplausos prolongados.)
El doctor Humberto Torres: «Una obligada apostilla en mi discurso, nacida de las afectuosas palabras del entrañable amigo Asmara, y por vuestra fraternal actitud. Sí, amigos míos, yo llegaré hoy a Lérida, y a mi padre, en la tosca forma con que yo pueda, le transmitiré este emocionante momento que he vivido.
Mi padre lo recibirá, como recibe todo lo del mundo, con una comprensión filosófica. Pero mi padre con sus 86 años, con su pobre cuerpo que ya no lo lleva, con sus piernas que apenas puede mover, con su cuerpo lleno de cosas que no funcionan ya, conserva intacta, por un privilegio especial, su clarísima inteligencia. Y en estos momentos ve claramente que sus días se acaban, pero lo ve con la resignación cristiana del hombre que es un espiritista de arriba a abajo.
Esta salutación cordial vuestra será como un nuevo lazo que nos ate a nuestros ideales.
Gracias, pues, estimados amigos míos, en nombre de nuestro ideal y en nombre de mi padre, a través de su hijo, por vuestros aplausos.»
La Mesa Presidencial y el Comité ejecutivo del Congreso seguidos por numeroso público acompañaron al doctor Torres hasta el exterior del Palacio de Proyecciones, tributándole una cariñosísima despedida.
Reanudóse el acto diciendo el presidente:
«Señoras y señores: Un breve comentario a la conferencia, debiendo limitarme lo más posible en él, porque todo lo que pudiera decirse después de cuanto aquí se ha dicho, sería seguramente en menoscabo de lo que yo os hablara.
Como habréis podido ver vosotros, los profanos, después de cuanto nos hemos venido ocupando, desde este Congreso se ha hecho una exposición de la trayectoria que ha seguido nuestro doctrinario para consolidar sus posiciones hasta el momento actual, en el orden científico, en el orden filosófico y en el orden moral, con esta articulación del Espiritismo integral que permite darle a cada verdad su verdadero juicio, su verdadera medida, para que nuestra inteligencia, para que nuestro conocimiento pueda articular debidamente este andamiaje de rendimientos que es necesario hacer para enfrentarnos con los hechos y con las conclusiones a que conducen las doctrinas: Facto, Ratio, Fide.
Hechos filosóficos, y ésta es la moral que nos coloca frente a los problemas y que es para el porvenir de la Humanidad, acaso para la Humanidad en estos momentos, como la moral mejor que se pueda proporcionar para que el hombre en la sociedad sea lo más útil, lo más bueno a sus semejantes.
Nuestro querido amigo ha seguido en ello este sistema ordenado de exposición que tiende a poner un explosivo en cada conciencia; un explosivo, mejor dicho, un motor de explosión, para que la palabra sea más agradable, que imprima en cada uno que tenga resonancia, en cada uno que sepa comprender, este dinamismo que ha de movernos en la vida para llegar a comprender bien y servir este ideal, sirviendo al cual nos servimos a nosotros mismos. Para salvar y servir a la sociedad de que formamos parte, hemos de empezar nosotros por ser mejores, por superarnos, porque superar y ser mejores quiere decir que nos servimos y salvamos a nosotros mismos.
Estas breves palabras encierran el acto de esta tarde. Ahora va a hacerse en inglés y en francés un extracto, como he dicho antes; pero puesto que esto podría ser fatigable tal vez a todos los queridos hermanos de habla española, que habrán de oír repetir lo que han oído, y acaso perder el tiempo, por cuyo motivo yo quiero en principio dar por terminado el acto, rogando a todos los espiritistas de habla francesa e inglesa que continúen aquí, y tendremos un parlamento, una síntesis de lo que acaba de decirse.
Queda terminado el acto, señoras y señores, y gracias a todos por su asistencia.
Xavier Llobet
Centro Espírita Irene Solans, Lleida
Bibliografía:
- Libro Resumen del V Congreso Espiritista Internacional-Barcelona del 1 al 10 de setiembre de 1934. Archivo de la Federación Espírita Española.
- Revista “Ressons d´Occitània”-Butlletí del Casal Català de Tolosa de Llenguadoc, nº 11 Junio de 2009
- Cicle de l´exili I-L´exiliada, de Artur Bladé i Desumvila.