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 La Depresión
Opinión
En la raíz psicológica del trastorno depresivo o de comportamiento afectivo, se encuentra una insatisfacción del ser con relación a sí mismo, que no fue solucionada. Predomina en el Self un conflicto resultante de la frustración de deseos no realizados, en los cuales, los impulsos agresivos se rebelaron hiriendo las estructuras del ego que se sumerge en una sorda rebeldía, silenciando las ansiedades e ignorando la realidad. Los anhelos y placeres de eso resultantes, cuando no son atendidos, se convierten en melancolía, que se manifiesta en forma de desinterés por la vida y por sus valiosas contribuciones experimentando gozos masoquistas, a los que considera hostil, por no haber atendido sus exigencias.
Incursa en su conciencia en culpa de cualquier naturaleza, elabora el clima psíquico para la sintonía con otras fuera del cuerpo somático, que se sienten dilapidadas, y por ser incapaces de perdonar o de rehacer el propio camino, aspiran por la venganza cobarde y malsana, trenzándose en un litigio feroz en el campo de batalla mental, produciendo sórdidos procesos de parasitismo espiritual, de obsesiones perversas.
El hábito saludable de la buena lectura, de la oración, en convivencia y sintonía con el Psiquismo Divino, de los actos de beneficencia y de amor, de la relación fraternal y de la conversación edificante constituye una psicoterapia profiláctica que deberá formar parte de la agenda diaria de todas las personas.


En la raíz psicológica del trastorno depresivo o de comportamiento afectivo, se encuentra una insatisfacción del ser con relación a sí mismo, que no fue solucionada. Predomina en el Self un conflicto resultante de la frustración de deseos no realizados, en los cuales, los impulsos agresivos se rebelaron hiriendo las estructuras del ego que se sumerge en una sorda rebeldía, silenciando las ansiedades e ignorando la realidad. Los anhelos y placeres de eso resultantes, cuando no son atendidos, se convierten en melancolía, que se manifiesta en forma de desinterés por la vida y por sus valiosas contribuciones experimentando gozos masoquistas, a los que considera hostil, por no haber atendido sus exigencias.
Sin duda, otros conflictos se presentan, y que pueden derivarse de disfunciones reales o imaginarias de la libido, en la comunión sexual, produciendo miedos y sordas rebeldías que amargan al paciente, especialmente cuando considera como esencial en la existencia el placer del sexo, en el cual se motiva para las conquistas que le parecen fundamentales.
Por vivir en una sociedad eminentemente erótica, estimulada por un continuo bombardeo de imágenes sonoras y visuales de significado agresivo, trabajadas para atender las pasiones sensuales hasta quedar exhausto, no encuentra otro motivo o significado existencial, excepto cuando el hedonismo lo domina y lo lleva a los extremos arriesgados y antinaturales del gozo exorbitante.
Al lado de ese factor, que difluye de los eventos de la vida, el luto o pérdida, como bien lo analizó Sigmund Freud, es el responsable por una elevada cifra de ocurrencias depresivas, en episodios dispersos o continuos, así como en impulsos que arrojan a los incautos en el foso del abandono de sí mismo. Ese sentimiento de luto o pérdida inevitable, por herir al Self ante el hecho de la muerte, siempre considerada inusitada o detestada, arrebatando la presencia física de un ser amado o generadora de conciencia de culpa, cuando sucede de forma imprevista, sin chance de apaciguamiento de enemistades que se arrastraron por largo período o aún, por actos que no fueron bien elaborados y dejaron arrepentimiento, ahora convertidos en conflicto punitivo. También se manifiesta como efecto de otras pérdidas, como la del trabajo profesional, que empuja al individuo al abismo de la incertidumbre para atender a la familia, y atenderse, para vivir con seguridad en el medio social; otras veces, la pérdida de algún afecto que prefirió seguir adelante, sin dar prosecución al vínculo hasta entonces mantenido, abriendo espacio para la soledad y la instalación del conflicto de inferioridad; bajo otro aspecto aún, la pérdida de un objeto de valor estimativo o monetario, produciendo perjuicio de una u otra naturaleza…
Cualquier tipo de pérdida produce impacto aflictivo, perturbador, como es natural. Se demora algún tiempo, que no debe exceder a seis u ocho semanas, lo que constituye un fenómeno emocional saludable. No obstante, cuando se prolonga, agravándose con el pasar del tiempo, se torna patológico, exigiendo una terapéutica bien elaborada.
Entre tanto, se pueden evitar las consecuencias enfermizas de la pérdida, mediante actitudes correctas y preventivas.
Terapia profiláctica eficaz, inmediata, propiciadora de seguridad y bienestar, es la acción que torna al individuo identificado con sus sentimientos, que debe exteriorizar con frecuencia y naturalidad con relación a todos aquellos que constituyen el clan o forman parte de su afectividad.
Se repiten las oportunidades despreciadas, en las cuales se puede decir a los familiares cuán importantes son ellos, cuánto son amados, explicitar a los amigos el valor que se les atribuye, a los conocidos el significado que ellos tienen con relación a su vida… Normalmente se postergan esos sentimientos dignificantes y de alta magnitud, que no sólo traen felicidad a aquellos que los exteriorizan, sino también a aquellos otros, a los cuales son dirigidos, generando un ambiente de simpatía y de cordialidad. Nunca, pues, se deben postergar esas saludables y verdaderas manifestaciones de la afectividad, a fin de ser evitados futuros trastornos de comportamiento, cuando la culpa pretenda instalarse en forma de arrepentimiento por lo no-dicho, por lo no-hecho, pero sobre todo por el mal que fue expresado, por la actitud infeliz del momento perturbador… Ese tipo de evento de vida – la agresión exteriorizada, el bien no retribuido, el afecto no enunciado- puede ser evitado por medio de los comportamientos liberadores de las emociones superiores.
Muchos otros choques externos como accidentes, agresiones perversas, traumatismos craneanos, contribuyen para el surgimiento del trastorno de la afectividad, por influir en las neuronas localizadas en el tronco cerebral próximo al campo donde el cerebro se junta, a la médula espinal. En esa área, dos regiones específicas envían señales a otras de la cámara cerebral: la rafe, encargada de la producción de la serotonina y el locus coeruleus, que produce la noradrenalina, sufriendo los efectos calamitosos de esos acontecimientos, así como de otros que desarmonizan su actividad en la producción de esas valiosas sustancias que se encargan de mantener la afectividad propiciando la instalación de los trastornos depresivos.
También proceden de los eventos de la naturaleza perinatal, cuando el Sefl, fijado en el conjunto celular, sufrió la amargura de la madre que no deseaba la hijo, del padre violento, de los familiares irresponsables, de las peleas domésticas, de la inseguridad en el proceso de la gestación, produciendo surcos profundos que se irán a manifestar más tarde como traumas, conflictos, trastornos de comportamiento…
La inevitable transferencia de los dramas y tragedias de una existencia carnal hacia otra, que se encuentran insculpidos en los pliegues del Yo Profundo – el Espíritu viajero de polifacéticos renacimientos carnales- resuman como un conflicto avasallador, al principio como una manifestación de melancolía, de abandono de sí mismo, de consideración por los propios valores, de pérdida de la auto-estima…
De alguna forma, se puede vivir sin el afecto de otro, sin algunas relaciones más excitantes, sin embargo, cuando degenera el intercambio entre el Self y el ego el individuo pierde la dirección de sus aspiraciones y se entrega a las obligaciones conflictivas, y cae, muchas veces, en el trastorno depresivo.
Ese rezumar de arquetipos profundos, en forma de imágenes arquetípicas punitivas, aguarda los factores que se presentan en los eventos de la vida para manifestarse, amargando al ser, que se siente desprotegido e infeliz.
Incursa en su conciencia en culpa de cualquier naturaleza, elabora el clima psíquico para la sintonía con otras fuera del cuerpo somático, que se sienten dilapidadas, y por ser incapaces de perdonar o de rehacer el propio camino, aspiran por la venganza cobarde y malsana, trenzándose en un litigio feroz en el campo de batalla mental, produciendo sórdidos procesos de parasitismo espiritual, de obsesiones perversas.
Cuando renace el Self marcado por las herencias pretéritas, en el momento en que se da la fecundación a través del mediador plástico o periespíritu, se imprimen, en las células, los factores necesarios a la evolución del ser, quienes oportunamente se manifestarán, en el caso de culpa o amargura, de descato de sí mismo, de suicidio y otros desmanes, en forma de depresión. La hereditariedad, por lo tanto, jamás descartada, es el resultado del proceso de evolución que conduce al infractor al clima y al paisaje donde es convidado a reparar, a convivir consigo mismo, a recuperarse…
Pacientes predispuestos por hereditariedad a la incursión en el foso de la depresión, cargan graves procedimientos negativos de experiencias remotas o próximas, que se imprimieron en el Self. Sintiendo el impositivo de liberación de los traumas que permanecen desafiantes, aguardando una solución que la psicoterapia habrá de proporcionar.
Una catarsis bien orientada eliminará de la conciencia la culpa y abrirá espacios para la instalación del optimismo, de la auto-estima, gracias a los cuales los valores reales del ser emergen, convidándolo a la valoración de sí mismo, en la conquista de nuevos desafíos que la salud emocional le irá a facilitar, emulándolo para individuación, para la conquista del numinoso.
En razón del largo proceso de evolución, todos los seres conducen reminiscencias que necesitan ser trabajadas incesantemente, liberándose de aquellas que se presentan como melancolía, inseguridad y recelos infundados, desestabilizándolo. Al mismo tiempo, estimulándose a nuevas conquistas, enfrentando las dificultades que lo promueven cuando son vencidas, descubre todo el potencial de valores de que es portador y que necesitan ser despertados para las vivencias enriquecedoras.
El hábito saludable de la buena lectura, de la oración, en convivencia y sintonía con el Psiquismo Divino, de los actos de beneficencia y de amor, de la relación fraternal y de la conversación edificante constituye una psicoterapia profiláctica que deberá formar parte de la agenda diaria de todas las personas.
Extraído del libro "Triunfo Personal", de Divaldo Pereira Franco, por el espíritu Joanna de Ángelis.
Enviado el Lunes, 05 julio a las 12:17:29 por xavier
 
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